viernes, 12 de diciembre de 2008

Coalicion Civica Campana


Las consignas, los slogans y los principios


por Marcelo Busalacchi


En la campaña electoral para las elecciones presidenciales del año 1983 los publicistas de Raúl Alfonsín lograron instalar en la ciudadanía el valor de la democracia como un modo de vida.
La democracia era sentida por las mayorías nacionales como LA DEMOCRACIA con mayúsculas; como el único camino posible y probable para derrotar a la dictadura más sangrienta y feroz que se haya conocido en nuestro país.
El 10 de Diciembre de 1983 fue la última fiesta popular masiva, mística, casi mágica. No hubo otra fiesta cívica que haya logrado demostrar de lo que es capaz un pueblo cuando lo mueven los valores más profundos, que unifica a los credos, a las ideologías, a las clases sociales y los diversos sectores de la sociedad. LA DEMOCRACIA representaba en el imaginario colectivo un valor supremo, lleno de esperanzas y de sentido.
Pero la democracia volvió a su minúscula expresión cuando no se pudo comer como las panzas reclamaban, no se pudo educar como se imaginaba y no se pudo curar como se necesitaba.
Se transformó en la más hipócrita y vil de las formas administrativo-legales sólo para autorizar élites gobernantes, y dónde los "gestores" de lo público lucían sus claras intenciones en el ejercicio del poder.
La democracia con minúscula avanzó hacia la autorización de gobiernos con campañas electorales cada vez más mediáticas y con menos debates para la gestión de proyectos públicos de baja monta.
El imaginario colectivo transformó el ideal soñado de una DEMOCRACIA con mayúsculas en el voto cuota, el voto chapa o el voto subsidio.
Los gobiernos del mene frega, del dormido y del discrecional avanzaron por caminos erráticos en este sentido y no volvió a pensarse más si estaba o no agotada esa imagen de una DEMOCRACIA con mayúsculas.
Los intelectuales prestigiosos de ayer -muchos funcionarios de hoy- que tanto escribieron al respecto, fueron abandonando el sentido de la DEMOCRACIA también y fueron migrando hacia formas más globalizadas y más políticamente correctas de expresión. Un abandono casi resignado, aceptando las prácticas corporativas y sectoriales con un simple "es lo que hay".
Más necio aún es el avance de formas más proclives a sólo pensar los espacios reducidos y territoriales para la acción política, transformando el debate de lo local como el único debate de la política.
Quizá para poder sobrevivir, quizá para negar la realidad de la fragmentación en la que nos encontramos.
El voto cuota, el voto chapa, el voto bache, el voto aumento nominal, nos acerca cada vez más a lo que marcan las "olas" fragmentadas de los pensamientos y de los liderazgos ausentes.
LA DEMOCRACIA fue olvidada o muy mal herida. O simplemente no tenía asidero más que en la coyuntura que atravesamos después de la dictadura.
Un slogan o una consigna que no tuvo retroalimentación, ni en el sistema político ni en las nuevas generaciones. Ya no despierta demasiado interés su avasallamiento. Y los que la evocan solo la nombran por algún interés específico.
Algún lector inteligente podrá afirmar, con razón, que es muy incompatible esa DEMOCRACIA con una distribución del ingreso tan desigual, tal vez la más desigual que hayamos conocido.
La respuesta probable es que sin DEMOCRACIA tampoco reduciremos sustancialmente la brecha, ni lograremos desarmar el rompecabezas sin alma, ni sentido, de la fragmentación social. Para colmo las minorías que se benefician con el crecimiento económico están más ausentes que nunca del territorio de lo público, de lo de todos, y cada vez más ensimismadas en sus rutinas de consumo; mientras que las mayorías que le escapan al aumento de los lácteos, ya tienen sus propios sinsabores y buscan las respuestas en bailando por un sueño.
De todos modos los principios están latentes, y si están enterrados algunos la desenterrarán en otra coyuntura, al menos eso creo aunque no la pueda ver ni sentir.